En el siglo VI los arreglos florales, hasta entonces desconocidos, comenzaron a verse en ambos lados de los altares de los templos budistas, los cuales se extendieron por todo el país en los siglos subsiguientes. Rígidos y voluminosos, con el objeto de conservar la armonía con el imponente templo, estos “Rikka” o “flores enhiestas” se destacaban en alto grado sobre los ornados recipientes de bronce que eran traídos de China con otros ornamentos religiosos. Las extremidades de sus ramas, como también las flores, señalaban hacia el cielo para indicar la fe.
Ikebana naturalista. Los cambios de mayor significación en el desarrollo del Ikebana tuvieron lugar durante el siglo XV, cuando el Shogun Ashikaga Yoshimasa gobernaba Japón (1436-1490). Tanto las grandes edificaciones como las pequeñas casas construidas por él eran un reflejo de su amor por la sencillez. En estas últimas se introdujo el “tokonoma,” alcoba que conformaba parte del interior, destinada a sitio de veneración y en la que se colocaban objetos de arte y arreglos florales Ikebana.
Junto con las simplificaciones arquitectónicas, Yoshimasa, en colaboración con el artista Somai, hizo más sencillas las reglas del arreglo floral Ikebana de modo que todas las clases del pueblo pudieran disfrutar de estas ornamentaciones de acuerdo con sus propias creaciones. Este nuevo tipo simplificado fue denominado “Seiwa.”
Moribana.
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